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Tumores de la glándula tiroides en perro

Tumores de la glándula tiroides en perro

Los tumores de la glándula tiroides en perro representan del 1 al 3,8% del total de neoplasias caninas y el 10-15% de las que aparecen en cabeza y cuello.

Al contrario que en el hombre o el gato, las masas tiroideas se consideran raras en el perro.  Aún así, los tumores de la glándula tiroides en perro representan la neoplasia endocrina más común en esta especie. Los tumores tiroideos pueden ser benignos (adenomas o más raramente cistoadenomas) o malignos (carcinomas)

Los carcinomas tiroideos se originan a partir de las células epiteliales de los folículos coloides (carcinomas foliculares) o partir de las células C parafoliculares (carcinomas medulares). Muchos adenomas no dan clínica y se diagnostican como hallazgos accidentales en necropsia. Por el contrario, hasta el 90% de tumores tiroideos que se detectan clínicamente son malignos. Aproximadamente 2/3 de ellos se corresponden con carcinomas no funcionales, siendo más frecuentes los tumores unilaterales (53-76%) que los bilaterales. 

Cuadro clínico

Los tumores de tiroides en perro afectan generalmente a animales de 9-10 años (rango de 5-18) y razas como Bóxer, Beagle y Golden Retriever aparecen sobrerrepresentadas. Clínicamente se caracterizan por la presencia de una masa firme y no dolorosa en la región cervical ventral.

En ocasiones se reporta disfagia, disfonía, tos o disnea, consecuencia de los efectos de la masa en las estructuras vecinas. No debe olvidarse que estos tumores pueden aparecer en cualquier localización donde existan vestigios de tejido tiroideo, desde la base de la lengua a la base del corazón. De hecho, los carcinomas ectópicos pueden llegar a representar el 7,5% de los casos, y se ha descrito que, por ejemplo, los sublinguales tienen un comportamiento menos agresivo que los puramente glandulares. 

Aunque los adenomas suelen ser de pequeño tamaño, pueden llegar a medir hasta 6 cm4 por lo que el tamaño de la masa no debería ser un criterio que hiciera pensar en un potencial carácter benigno. Algunos autores han reportado metástasis en el momento del diagnóstico en el 16-38% de casos, siendo los pulmones y los ganglios los órganos afectados con mayor frecuencia. Otros autores indican que el porcentaje de metástasis en carcinomas no funcionales pueden oscilar entre el 20-80%.

Diagnóstico de los tumores de tiroides en perros

El diagnóstico diferencial de un paciente con una masa cervical y sospecha de neoplasia tiroidea debe incluir mucocele salivar, absceso, granuloma por mordedura o cuerpo extraño, metástasis cervical de un tumor en otra localización, tumor de los cuerpos carotídeos, fibrosarcoma y rabdomiosarcoma.

En la mayoría de casos para establecer un diagnóstico definitivo preciso son necesarias la histopatología y múltiples tinciones inmunohistoquímicas,  pero en ocasiones la citología es suficiente para establecer las características principales del tumor. Como los carcinomas suelen estar muy vascularizados se recomienda que las citologías sean ecoguiadas para minimizar el riesgo de hemorragia. 

La evaluación diagnóstica de un perro con sospecha de carcinoma tiroideo incluye examen físico completo, hematología, panel bioquímico, urianálisis, determinación de hormonas tiroideas (con o sin estimulación con TSH) y radiografías de tórax. Técnicas como la ecografía cervical y sobre todo la TC y resonancia, permiten obtener información sobre las características de la masa y el grado de invasión. Si está disponible, la gammagrafía también puede ser útil. En pacientes con metástasis pulmonar o linfática se indica también ecografía abdominal. Una vez completado el examen los pacientes se estadifican de acuerdo con la clasificación de la OMS. 

La evaluación diagnóstica de un perro con sospecha de carcinoma tiroideo incluye examen físico completo, hematología, panel bioquímico, urianálisis, determinación de hormonas tiroideas (con o sin estimulación con TSH) y radiografías de tórax. Técnicas como la ecografía cervical y sobre todo la TC y resonancia, permiten obtener información sobre las características de la masa y el grado de invasión. Si está disponible, la gammagrafía también puede ser útil. En pacientes con metástasis pulmonar o linfática se indica también ecografía abdominal. Una vez completado el examen los pacientes se estadifican de acuerdo con la clasificación de la OMS. 

Tratamiento

La cirugía se considera el tratamiento de elección de los tumores de tiroides en perros, sobre todo en tumores móviles y bien delimitados; de hecho, en los adenomas la escisión quirúrgica se considera curativa. En tumores bilaterales se aconseja preservar una de las glándulas paratiroides para mantener la homeostasis del calcio. La mortalidad perioperatoria se ha estimado en el 1,9%, con un 19,9% de pacientes experimentando complicaciones (principalmente hemorragias y neumonía por aspiración, pero también parálisis laríngea, megaesófago, distress respiratorio e hipocalcemia) derivadas del procedimiento. En tumores invasivos y no resecables puede recurrirse a la radioterapia y al tratamiento con yodo radioactivo. Hay poca evidencia sobre el uso de quimioterapia en estos tumores. Se ha  descrito que la doxorrubicina, el cisplatino y probablemente la mitoxantrona presentan cierta actividad frente al carcinoma de tiroides en perro, pero la respuesta en caso de existir, dura solo unos meses. Se considera que el mayor interés de la quimioterapia sería el control de la enfermedad metastásica microscópica. De modo más reciente se han empleado los inhibidores de la tirosina quinasa en el tratamiento de carcinomas tiroideos, pero su eficacia en estas neoplasias no está bien establecida. 

En relación a la supervivencia, se ha reportado que sin tratamiento la mediana de supervivencia está en 3-4 meses, mientras que si el tumor puede ser resecado en su totalidad este valor podría alcanzar los 3 años o incluso los 6 en el caso de carcinomas funcionales. En cuanto a perros tratados con radioterapia, algunos estudios han reportado supervivencias de hasta 2 años, mientras que en otros la mediana estaba alrededor de los 6 meses, probablemente por las diferencias en el estadio clínico de la enfermedad en los pacientes incluidos en los diversos estudios.

Conclusiones

Ante la presencia de un perro con una masa en la región cervical deberíamos incluir las neoplasias de tiroides en el diagnóstico diferencial. En estos casos una citología ecoguiada puede ayudarnos a establecer un diagnóstico inicial. Si se confirma la presencia de un carcinoma, antes de plantearnos la exéresis quirúrgica es fundamental explicar a los propietarios la importancia de hacer un abordaje diagnóstico completo, que nos permita determinar la extensión y grado de invasión del tumor, así como la existencia de posibles metástasis. Ello nos permitirá establecer un pronóstico más acertado y elegir el protocolo de tratamiento más adecuado.  

 

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