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Parvovirus en perros vacunados, ¿es posible?

Parvovirus en perros vacunados, ¿es posible?

El parvovirus canino es uno de los patógenos víricos más importantes con una elevada morbilidad (100%) y una mortalidad del 10% en perros adultos y del 91% en cachorros. 

Esta enfermedad se caracteriza por dar origen a dos formas clínicas diferentes: la enteritis acompañada de vómitos y diarrea en perros de cualquier edad, y la miocarditis con consecuente fallo cardíaco en cachorros menores de 3 meses. Sin embargo, la manifestación más habitual es la enteritis aguda, acompañada de signos clínicos poco específicos como anorexia, depresión, letargia y fiebre. Con el progreso de la enfermedad se pueden observar vómitos y diarrea de intestino delgado, que conducen al rápido desarrollo de deshidratación y shock hipovolémico. El dolor abdominal aparece también con cierta frecuencia debido a la gastroenteritis aguda o a intususcepciones intestinales.

Factores estresantes como el destete, lugares hacinados, falta de inmunidad pasiva o activa y la presencia de agentes patógenos parasitarios, protozoarios, bacterianos o incluso víricos, contribuyen al desarrollo y a la gravedad de esta enfermedad.

¿Qué sabemos sobre la vacunación contra el parvovirus canino?

Durante los últimos 50 años, las enfermedades infecciosas caninas como el CPV-2 han sido eficazmente controladas mediante protocolos de primovacunación en cachorros y re vacunaciones anuales en perros adultos.

El CPV evoluciona rápidamente dando lugar a diferentes cepas, las más predominantes actualmente a nivel mundial son la CPV-2a, CPV-2b y la CPV-2c. La diferencia antigénica más importante entre las variantes de CPV es un aminoácido que se encuentra en el residuo 426 del epítopo A de la Proteína Viral 2 (VP2). La importancia clínica de estos subtipos, su virulencia y su habilidad para evadir la vacunación siguen siendo temas que generan debate. Las vacunas vivas atenuadas se consideran las más efectivas como método profiláctico ante CPV, aunque también están disponibles vacunas muertas que estimulan de la misma manera una correcta respuesta inmunitaria.
A pesar de no tener cifras exactas sobre el fracaso de la vacunación es una realidad que ha sido descrita en la literatura. La causa más común de fracaso en animales jóvenes está asociada a la interacción entre la vacuna y los anticuerpos maternos. Durante las primeras 16 semanas de vida, los cachorros están protegidos de infecciones gracias a la inmunidad derivada de los anticuerpos que le transfiere la madre a través del calostro y la placenta. Estos anticuerpos interfieren en la aparición de una eficaz inmunidad vacunal, de forma que siempre existirá una ventana de susceptibilidad de unos días, durante los cuales el cachorro está en riesgo.

Otra potencial causa de fracaso vacunal es la diferencia entre las cepas de CPV usadas para la producción de vacunas y las cepas circulantes en el ambiente. La gran diversidad de variantes de CPV-2 que han sido descubiertas refleja la tendencia del virus a mutar, generando nuevas cepas y dificultando así la eficacia de la vacunación. Si bien es cierto que algunos estudios confirman que las vacunas multivalentes que se usan actualmente en perros producen inmunidad cruzada contra las diferentes cepas de CPV-2, a día de hoy, las vacunas disponibles derivan solo de CPV-2 y CPV-2b, hecho que plantea la duda acerca del alcance del fracaso en relación con la falta de protección contra la cepa CPV-2c. 

El inapropiado almacenamiento de las vacunas o su incorrecta administración también afectan al posible fracaso de la vacuna. Sin embargo, más allá de factores relacionados directamente con la vacuna, hay otras muchas causas de fracaso inmunitario, como ambientes que presenten una elevada carga viral, infecciones entéricas parasitarias o bacterianas, la raza, incompetencia inmunitaria o los “no respondedores” genéticamente. Un estudio realizado durante la década de 1980 confirmó también cierta susceptibilidad al CPV-2 en algunas razas concretas, como en el Pinscher y el Rottweiler. En el caso del Cocker Spaniel Inglés, solo se detectó un aumento del riesgo a sufrir esta enfermedad en las hembras adultas. Se relaciona esta alta susceptibilidad en parte a una alta prevalencia de no respondedores, es decir, de animales que no desarrollan una respuesta de anticuerpos después de entrar en contacto con el virus.
Los resultados de los estudios acerca de la vacunación de CPV y su posible fracaso muestran la necesidad de la vigilancia molecular continua de las cepas de parvovirus circulantes y de las emergentes. Las medidas preventivas son esenciales para inmunizar a los perros susceptibles, considerando los programas de vacunación como la mejor forma de controlar la enfermedad. Asimismo, resulta importante aumentar la concienciación acerca de la prevalencia y las características de la enfermedad tanto en perros vacunados como en no vacunados.

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